Codicia

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El juez Castro, en su segunda imputación a la infanta Cristina, ha recurrido al argumento moral para ilustrar, en un claro juicio de valores, dos conductas que, al margen de su reprobación, gozan de buen sedimento en las perfumadas alcantarillas de la realidad. De hecho, vienen formado parte del marchamo del triunfador como pasos determinantes para multiplicar ganancias: “mirar hacia otro lado” y actuar por “codicia”. El del juez es un alegato contra el deseo febril por lo excedente, esa avaricia bíblica de la que tanto hay que guardarse porque siempre acabará trayendo problemas. A pesar de que no lo cite explícitamente, el auto dimana un ajuste de cuentas con el sentido de inmunidad, el mismo que, según los fiscales -que no ven indicios de delito-, puede ser utilizado como un argumento de desigualdad e indefensión al tratarse de la infanta Cristina. Curioso asunto el del privilegio frente a la penalización del apellido, en un tiempo en el que media élite española es presunta y sigue repantigándose en los cenadores Michelin.

Parece que, entre los 277 folios del auto, en verdad se esté juzgando un substrato mucho más profundo que guarda relación con el modus operandi de un sistema que, a pesar de haberse anunciado a los cuatro vientos que es caduco, sigue mostrando el óxido de una idealizada ejemplaridad con la que manteníamos a salvo la aspiración de un mundo mejor. Porque en una España estragada por las penurias de la crisis y con tres millones de ciudadanos en situación de pobreza extrema, los agasajos y privilegios de cuna o rango continúan al orden del día.

En su ensayo David y Goliat. Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes, el periodista del New Yorker Malcolm Gladwell se refiere a lo que los economistas denominan “la ley de los rendimientos decrecientes” para subrayar la importancia de los límites, sobre todo en la relación paternidad-riqueza: “el pasar del no podemos al no queremos”, porque la segunda se trata de una posición mucho más compleja, en cuya sombra se agazapan una moral y una estética. Por ello, recurre a diferentes dichos populares que, en todas las culturas, ilustran la necesidad de poner fronteras al privilegio a fin de evitar la autodestrucción que anida en él: del anglosajón “de descamisado a descamisado en tres generaciones”, al italiano “de las estrellas a los establos”, o nuestro “quien no lo tiene, lo hace; y quien lo tiene, lo deshace”.

La codicia, imputada ahora en las portadas de los periódicos, no podía tener protagonistas más simbólicos para ilustrar esa parábola sobre la agonía de la desmesura. Otro asunto es esa histeria que reclama una humillación real cuando las fantasías codiciosas parecían hasta ahora la forma más apropiada de estar en el mundo.

(La Vanguardia)

4 comentarios a “Codicia”

  1. Martin dice:

    El tema es enigmático. La corrupción. El castigo. El perdón. La purga y la resurrección.
    ¿Cuantos que nos escandaliza y nos encoleriza la impunidad selectiva existente con este tipo de personajes, seremos los mismos que una vez castigados y sumidos en la picota de la vergüenza pública, como únicos chivos expiatorios de un período de excesos en la gula y en la displicencia en la observación del decoro de las conductas, no podermos reprimir un creciente sentimiento de ternura, de deseo de conocer el alma de quien ha pecado y ha purgado, a saber, doblemente inocente?
    Yo sin duda me contaría entre ellos.
    Nada me podría hacer más republicano de lo que soy, pero podemos apuntar que en nuestra realidad, no es una joyita lo que espera agazapado para suplir a un rey que mejoró con creces a su estirpe, y a un príncipe que tiene mucho mejor aroma que su padre y su madre en materia de prejuicios, de modernidad, sólo el detalle de casarse con Letizia y sucumbir en muchas cosas a sus puntos de vista no debe ser pasado por alto felizmente, dice mucho a su favor, ni siquiera en Holanda de donde acabo de venir con mucha más cultura de tolerancia, la casa real llegó a esos extremos de acercamiento a la plebe, Guillermo se casó con una plebeya, pero de familia extremista, de lo más fascista en defensa de la propiedad privada, tradición y familia, en cambio la elección de Letizia, con su carácter personal, con su familia altiva, asturiana, de procedencia trabajadora y ella misma una self made woman, no es algo baladí a pasar por alto. Sobre todo en un país donde aún es muy necesaria una instancia supra partidaria o partidista que contenga esas nunca bien resueltas ansias de litigio y duelo.
    Busquemos pues, la justicia en el sentido en que nos legó Mandela, el arrepentimiento, el reconocimiento de la falta, pero ojo, porque al grupo Bildelberg esto parece no le molestarle en lo más minimo.

  2. STALKER dice:

    Gracias a Joana Bonet por su columna y este blog. Por escribir lo que todos pensamos y hacerlo francamente Bien!!!

  3. Bartomeu dice:

    Señora Bonet,

    No tengo más que felicitarle por haber expresado tan certeramente, en cuatro párrafos, la realidad, la cruda realidad… la triste realidad.

    Llevo horas y horas de tertulias oídas, páginas y páginas leídas sobre el asunto y hasta ahora nadie había sido tan preclaro. ¡Enhorabuena y gracias!

    Sin menoscabo de lo anterior sólo quisiera aportar una reflexión personal. Creo que para que la Justicia tenga todas las aristas necesarias para su buen funcionamiento requiere que la Fiscalía sea independiente de cualquier poder público y, desde luego, que desaparezca esa sumisión al Poder ejecutivo del Fiscal General del Estado que la hace parecer un monigote inútil. Si el Gobierno quiere intervenir, ya tiene la Abogacía del Estado que, por cierto, resulta bastante cara para los resultados que ofrece.

    De la manera actual, basta que el Fiscal General del Estado dé -más bien reciba y transmita- la orden de recurrir el Auto en cuestión para que los amigos de lo falso, los demagogos, digan aquello de que nadie apoya las actuaciones del Juez Castro y que tan sólo un Sindicato de corte fascista, como es Manos Limpias le apoya. ¡Como si el criterio del Juez no fuese suficiente! Se ve que no le conocen.

    Un saludo,

    Bartomeu

  4. Dice Martin : “no podemos reprimir un creciente sentimiento de ternura, de deseo de conocer el alma de quien ha pecado y ha purgado, a saber, doblemente inocente?” . Nos ha dejado pensando esta frase. Conocer el alma no es la gran cosa. Para quienes han iniciado el camino espiritual, el alma es la loca de la casa, la que nos tiende ilusiones, la que nos engaña, en resumen: la que nos hace errar. Para muchos de nosotros el PECADO no existe,por la simple razón que los seres humanos no somos perfectos, pero estamos todos en el camino de la perfección. De otra substancia es nuestro Espíritu, el cual es eterno y posee la sabiduría total.
    La misión de los reyes era procurar el bienestar del Pueblo. Hay que leer y releer a Montaigne. Un príncipe, una princesa tiene el deber de conocer las leyes de su país y desde luego las disposiciones en materia fiscal. Inocentes somos todos los seres humanos cuando nacemos y todos los animales que habitan el Planeta, porque ellos no tienen alma. Cordiales saludos.

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