La rosa y el congreso





El hábil Rubalcaba asegura que en lugar de hablar de pasado prefiere hablar de currículum. La ambiciosa Chacón anuncia que si gana, le tenderá la mano porque no lucha contra Alfredo, sino contra la frustración. El hombre requiere al patriarca, a la misma hora en que la mujer levanta los brazos junto a cientos de mujeres entre las que destaca una, rosa chicle de la cabeza a los pies; aún la llaman «la Vice». El patriarca ríe como lo hacen los que están de vuelta de todo. Dice «Alfredo, creo en ti, mi compromiso es contigo», pero, para que no haya dudas, hace una declaración de amor: «Quiero mucho a Carme». La reserva espiritual del socialismo perpetuando el viejo reparto del mundo: para ellos el poder, para ellas el cariño y la condescendencia.

Chacón, tal vez embebida por el mensaje que le envía la poeta nicaragüense Gioconda Belli llamándola a «resistir», arenga en el Círculo de Bellas Artes: «¡A por ellos!». Pero entre tanto taconeo se diluye el complemento indirecto. ¿A por quién? ¿A por el Real Madrid o el Valencia? ¿A por Sevilla? ¿A por el PP? ¿O un poco de todo? Mientras, Rubalcaba se presenta como el guardián de un partido en sus horas más bajas, hay que confiar en la experiencia para que el PSOE no vaya a la deriva, dicen los elefantes. «El PSOE lo está pasando mal», reconoce el patriarca y añade que hay que intercalar generaciones, no fuera el caso que le recordaran que él empezó a mandar aún siendo mocoso. Ya no se habla de la generación tapón. Sería interesante revisarlo. Frente a los jovencitos millonarios de Series Yonkis o Tuenti, el retrato robot del político español es incontestable: son los varones de entre 45 y 65 quienes más renuevan legislaturas. Ellas, aunque de vez en cuando surja una Soraya Sáenz de Santamaría, Utxue Barkos o la propia Chacón, cada dos por tres se caen de las listas.

En vísperas de la elección para dirigir el PSOE, los protagonistas empiezan a representar una coreografía previsible: el uno se presenta como sensato albacea, la otra como renovadora empática. El uno dice que no tiene adversarios, sólo compañeros. Que no hay que hablar de los problemas del partido, sino de los de la gente. Ella, vestida de rojo y blanco durante toda la campaña, asegura que la mueve el inmovilismo y que está dispuesta a sacudir las alforjas.

Durante estos días, se ha establecido un enfrentamiento entre un político con currículum y una política con ambición, aunque también sobradamente preparada. Como si tener una larga carrera en política no significará el súmmum de la ambición. A Chacón la acusan de lanzar grandes frases huecas. A Rubalcaba de haber perdido estrepitosamente y, en cambio, empeñarse en continuar. Ambos cuentan con muchos adjetivos en los medios. Él: hábil, resolutivo, maquiavélico, zorro; ella: eficaz, renovadora, trepa, zapaterista… En un amago de guerra sucia aparece el círculo de influencias de cada cual. «Tiene un entorno de gente que no me gusta», dice Peces-Barba del candidato. El de ella levanta suspicacias, apuntan otros, como si de un político hombre interesase su pareja, su edad o su horóscopo. Un asunto que ha indignado a Griñán, Sevilla, e incluso a alguno que está del otro lado, como Solana.

Me llega lejano el eco de la guerra de las Dos Rosas, aquella serie de conflictos dinásticos que enfrentaron en el siglo XV a las casas de Lancaster y York, contraponiendo el rojo (que los expertos en simbología floral dicen que significa respeto) y el blanco (que, aseguran, transmite la esperanza de un futuro sólido). Aquella guerra marcó el inicio del Renacimiento en Inglaterra. Dentro de dos días se abrirá el 38.º congreso del PSOE en el sevillano hotel Renacimiento. Y allí, o la rosa florece o se marchita.

(La Vanguardia)

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