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Bikinis y niqabs

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En el vestíbulo del hotel The Torch, el edificio más alto de Doha, en The Pearl, donde anclan los yates más presuntuosos de Qatar, o en el higienizado zoco de la capital del país con mayor renta per cápita del mundo sólo tengo ojos para ellas, cubiertas de negro la cabeza a los pies. Porque mientras en las piscinas del Intercontinental las turistas se pasean en bikini, una legión de mujeres árabes contrarrestan el paisaje epidérmico velando su identidad. “Es por tradición, son fieles a sus creencias”, me dice una mexicana que se ha mimetizado de tal forma que lo considera una costumbre muy respetable. “Es algo cultural -añade- como cuando ustedes se ponen el traje de flamenco”, y por un momento tiemblo ante la posibilidad de que alguien nos impusiera los faralaes como código de vestimenta. Escandalizadamente etnocéntrica, le respondo que además de tener que andar a tientas, algo bien incómodo a ciertas edades, esas mujeres carecen de rostro público. “No lo había pensado”, responde con su rímel y su traje gris.

La interpretación literal de los versos del Corán en los que Mahoma insta a que se hable a las mujeres tras un velo -literalmente, una cortina- no superaría con éxito un examen de comentario de texto de bachillerato. El rigorismo islamista entendió que las mujeres debían quedar cubiertas por la cortina, llevando al extremo la imagen plástica del profeta. “Lo hacen por religiosidad personal pero también por comodidad”, afirma un joven esposo en la cola de embarque. Su mujer va cubierta de la cabeza a los pies, pero cuando llegamos a la T4 se ha desenmascarado y luce un hiyab fashion de los que escribía hace unos días en este periódico.

Otra mujer qatarí, cubierta de negro como un fantasma, me confiesa que de esa manera no se siente intimidada por la mirada de los hombres. Pienso en la deriva de las sociedades donde sus mujeres aún son intimidadas por la mirada masculina. Sólo lo políticamente correcto habrá impedido que algún audaz editor de moda no haya fotografiado la nueva colección de complementos primavera-verano sobre los niqabs que cubren a las mujeres del Golfo. No se puede frivolizar con este tema, habrían dicho en la redacción. Demasiado esnob y socialmente condenable. Ahí está el Gobierno indonesio, que se rebela contra el rancio certamen de miss Universo por atentar contra la moral. O las azafatas de Turkish Airways, que ya no podrán pintarse ni los labios ni las uñas de rojo. Ese miedo a colorear la feminidad y amordazarla en el espacio público, en nombre de la fe. Ese regenerado ímpetu fundamentalista que ha reducido las primaveras árabes a la noche de los tiempos. “En privado, son mujeres arrolladoras”, me asegura un diplomático veterano en la zona. Cómo no.

(La Vanguardia)

Publicado en Artículos

5 comentarios

  1. Anatole Anatole

    Viví un año en Doha. Al principio, realmente impresionaba mucho ese contraste de fantasmas grotescos de negro y genuinos fantasmas de blanco. Poco a poco, fui acostumbrándome y pasé a no hacer caso alguno aunque el espantoso calor y la evidencia del negro y el blanco ¡qué morro! según los sexos me fue sacando de quicio. Al final, me parecía estar viviendo en un permanente carnaval y ¡palabra! me daba la risa, sobre todo cuando desde un viaje en la impresionante Qatar Airways Madrid-Doha comprobé cómo una chica normal, de unos veinte o veinticinco años, morena como muchas morenas, algo atractiva, como tantas españolas, francesas, italianas, marroquíes, etc,, algo atractivas que, en un asiento anterior al mío, a menos de hora y media del aterrizaje fue realizando un ejercicio de transformismo hasta quedar convertida en un fantasma negro al que sólo se le veían los ojos y, al bajar del avión, ni eso, Ya lucía esa gasa negra sobre la cara que las convierte en muertas andantes con una túnica (abaya, la llaman) que arrastran para que ni un golpe de viento permita asomar levemente ni por un instante un tobillo.

    Qatar es el pais mas horrible que he pisado jamás en mi vida. No me extraña que no hubiera nada antes de que llegasen los ingleses a remover arenas en busca de algo que contuviese vida en germen.

    Saludos,

    Anatole

  2. blas paredes blas paredes

    Lo curioso es que en occidente no son tan pocas las féminas que “comprenden” mejor el anacronismo árabe que los dolorosos grilletes del cristianismo, olvidando que les guste o no este es la verdadera razón de su civilización. Aunque en realidad tampoco es tan raro que en esta sociedad desquiciada con delectación valga cualquier cosa, con tal de llevar la contraria. Ya lo dije ayer: perfectamente divididos entre fascistas y demócratas porque la discordia es como un muelle que se nos activa en el cerebro involuntariamente y nos regala una placentera sensación de comodidad.
    Mi hijo vivió un año en Bahrein y, más que sorprenderse con la actitud insultante hacia las mujeres, verdaderamente repulsiva, le asombraba la tiranía y despotismo inhumano con que los “señoritos horteras del golfo” trataban a los árabes pobres o paquistaníes que llegaban desde sus países a trabajar, buscando escapar de la miseria.
    Hermanos árabes que se discriminan con ferocidad y al mismo tiempo coinciden en su obsesión de convertir enemigo al occidental por simples razones religiosas. Una hora menos en Canarias y diez siglos menos en las lejanas tierras musulmanas.

  3. marta marta

    …es cierto y si no la tiranía de Mohamed de Marruecos que tiene completamente sumidas en el abandono
    a muchas poblaciones del Atlas, pobrezas extremas en el siglo XXI que claman al cielo.

  4. Martha Angelica Gonzalez Avalos Martha Angelica Gonzalez Avalos

    Es muy cierto que todo es enfocado a la cultura y creencias de cada país, pero es muy denigrante como tratan a las mujeres árabes ya que no nada más es cuestión de portar un bikini o un traje cubriéndolas de pies a cabeza sino lo que implica el que si ellas no les agrada y quieren cambiar su bastimente son maltratadas salvaje mente y denigradas por la sociedad con la diferencia que si en nuestro país portamos un traje de china poblana nunca no golpearan al grado de matarnos y juzgarnos de una conducta inadecuada como sucede en los países del medio Oriente

  5. Jorge Rodriguez Jorge Rodriguez

    Sin duda alguna las creencias, costumbres y tradiciones, varían mucho de un país a otro, y de una cultura a otra, sin embargo considero que este tipo de discriminación hacia la mujer, debería ser controlada, no podemos seguir viviendo en un mundo en el cual se siga pensando que las mujeres son inferiores a los hombres, ni que tienen menos derechos que nosotros, y al menos en México aun hay costumbres que ya no se apegan a los tiempos en los que vivimos, ya que no podemos a juzgar la personalidad, ni mucho menos la reputación de una mujer solo por el hecho de que vista una minifalda, o un short, somos libres de vestir la ropa que mejor nos quede siempre y cuando no faltemos al respeto a los demás.

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